Desde lo alto del Cerro San Cristobal


El Cerro San Cristóbal está ubicado en el mismísimo centro de Lima, a unos metros de la plaza mayor. Está a 400 metros del nivel del mar y desde su cima se puede apreciar toda la capital peruana, aunque muchos lo duden, es cierto. Cuando el cielo está despejado, la vista de extiende desde las playas de Chorrillos, la punta y la isla San Lorenzo hasta los distritos de Chaclacayo y Chosica.

Cuenta la historia que luego de la fundación de Lima, más de 25 mil indios al mando del
cacique Túpac Yupanqui planeaban atacar a la ciudad, para lograrlo debían cruzar el río Rimac, sin embargo, cada vez que los nativos intentaban hacerlo, morían ahogados, poco después, se rindieron y abandonaron la lucha.

Los españoles atribuyeron este sucedo a un milagro de
San Cristóbal, conocido como el protector de los caminantes. Pasado el peligro Francisco Pizarro y una comitiva se dirigieron al cerro más cercano y lo bautizaron con el nombre de San Cristóbal. Colocaron una cruz de madera y se ordenó la edificación de una capilla. En 1746 un terremoto destruyó la capilla y tuvo que ser reconstruida.
En 1928 la cruz de madera también fue cambiada por otra de 20 metros de alto provista de 20 potentes focos, por obra del párroco Francisco Aramburu quien tuvo un sueño en el que veía una gran cruz que brillaba a lo alto del cerro. Desde 1930, cada primer domingo de mayo, se programan peregrinaciones a la cumbre rezando el Vía Crucis rememorando las estaciones de Jesús. Esta tradición la siguen hasta ahora los religiosos, fieles y devotos del convento de los Descalzos.

La policía turística y los mismos pobladores del cerro son los responsables de proporcionar seguridad a los visitantes que desean ver la ciudad desde este mirador natural. Para llegar se deben tomar los denominados "urbanitos" que parten desde la plaza de armas. Esto vehículos no tienen un paradero autorizado en la zona, por lo que deben dar vueltas alrededor de la plaza en busca de pasajeros. El pasaje cuesta S/.5.00 y los carros suben cada hora. El viaje dura aproximadamente 20 minutos y durante el recorrido, un guía experimentado narra historias de la época colonial mientras muestra la belleza arquitectónica de la capital. Al llegar a la cima, el auto se estaciona por media hora para dejar que los pasajeros bajen a disfrutar la belleza de la vista, visitar el pequeño museo y disfrutar de postres típicos limeños. La belleza del panorama se acentúa por las noches cuando Lima se ilumina.





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1 comentario:

Martín Balbuena dijo...

Hasta Chorrillos y Chaclacayo? eso tengo que comprobarlo...jejeje...saludos